Lorena Bassani dedicó toda su vida al periodismo y trabajó en los medios de comunicación más importantes del país. Hasta que un día decidió dejar todo y llegó a Pinamar para emprender un camino íntimo de reconstrucción y autoconocimiento.


¿Por qué creés que hay tantas historias del tipo “Abogada cambió los tribunales por las clases de yoga” o “Dejó la Sociología para convertirse en influencer gastronómica”? ¿A qué se debe esa suerte de disociación entre actividad profesional y satisfacción?
Yo creo que la satisfacción personal no es tal, creo que es el alma que empuja a ser quien sos realmente. Y, en definitiva, lo que estamos haciendo es buscar nuestra verdadera identidad, es un tema de identidad. No es un tema de que ‘¡Uy, me pintó el hobby!’ No me gustaría verlo así. Me gustaría pensar que la que se dedica ahora al yoga en realidad se tiene que dedicar al yoga, vibra con el yoga, es el yoga. Y lo que hizo antes fue adecuarse, camuflarse con los mandatos sociales, con el sistema.
Cuando empezamos a ver que los mandatos, el deber ser y el qué dirán no nos llenan, no son parte de nosotros, no nos gustan y no tienen por qué gustarnos, ahí empezamos a encontrar nuevas respuestas al quiénes somos. ¿Quién soy yo? ¿Soy la abogada porque papá era abogado? ¿Porque tenemos el estudio de abogacía? ¿Porque ya mi vida está armada en función de un linaje, en función de lo que debería ser? ¡No, no, no! Yo soy la que resuena con la pintura, soy artista, soy actriz, soy cantante. Yo me quiero dedicar a cocinar cupcakes… Y ahí empezamos a desarmar nuestro sistema. Y nos vamos del sistema porque empezamos a querer ser nosotros mismos. Y eso es un tema de evolución y de crecimiento donde el alma va empujando de a poquito.
Muchas veces estamos en un lugar y decimos ‘yo debería querer este trabajo, tengo todo para desarrollarme en este trabajo. Pero no soy feliz en este trabajo’. Quiere decir que tu alma te está empujando a que viajes hacia adentro para que te reconozcas en un nuevo fractal tuyo y puedas empezar a estar más cerca de lo que sí. Ni del deber ser ni del qué dirán, que son dos grandes mandatos que tenemos que disolver ahora.
Vos sos periodista y alcanzaste el sueño que a muchos se les escapa: trabajar en las grandes ligas de la comunicación. ¿Qué te sacó de ahí?
¡Las grandes ligas de la comunicación! (se ríe). Los medios masivos de comunicación me expulsaron, pero en definitiva yo los expulsé a ellos. Me gusta pensarlo así.
Yo era productora de La Voz y editora de la página telele.com y recuerdo el día en que me iba a tomar una combi hacia Martínez, adonde están las oficinas de Telefe, porque tenía la oportunidad de un puestazo. Era un lugar de desarrollo magnífico. Después de haber trabajado 15 años en Clarín, 15 años en Artear, me pasaba a la contra pero para ocupar un mejor puesto. Era como haber llegado a la cima. Y me acuerdo de la imagen: yo tenía que pasar por un molinete y, cuando estaba a punto de hacerlo, empecé a sentir una presión en el pecho, que no sabía si era un infarto o las ganas de irme corriendo. Y ahí escuché por primera vez a mi cuerpo. ¡Escuché a mi cuerpo! Todo mi cuerpo me estaba diciendo ‘No entres, Lorena’. Y no entré. Llamé a mi jefe y le dije: ‘¡No voy! Mandame la factura.’
Lo más interesante de todo fue que en ese momento dejé de ser Lorena de Clarín o Lorena de Telefe, Lorena de Mega o Lorena de todos los medios donde trabajé, que por suerte fueron un montón y fueron grandes medios. Pero en ninguno fui Lorena Bassani. Yo era Lorena de… Porque los medios te quitan identidad; ellos son los protagonistas, no vos.
Y al final, cuando me estaba volviendo a mi casa, los planteos eran: ‘¿Y ahora quién soy? Cuando me llamen por teléfono, ¿qué digo? ¿Mi apellido? ¡No me van a conocer!’ Y entonces empecé a ser Lorena Bassani. Y empecé a crear mi propia marca y a construir mi propia identidad como escritora y como periodista sin los medios respaldándome, dándome seguridad, estabilidad, comodidad.
Ya no tuve más obra social, ni un trabajo en relación de dependencia, y ese fue el mejor antídoto frente al sistema. Porque cuando vos dejás de ser parte de un sistema, dejás de ser víctima del sistema y empezás a ser responsable y protagonista de tu propia vida. Así que estuvo bien, fue hermoso. Y me quedé en mi casa sola, con mi gata al lado que me miraba preocupada. Y dije: ‘okey, no comeremos durante seis meses pero esto va a revertirse porque la humanidad va hacia acá’.
Y a partir de ahí pude dar mis clases, mis talleres, sobre cómo pegar el salto, cómo empezar a ser protagonista de nuestra propia historia y no víctimas del afuera. Romper con el afuera, de eso se trata.
¿Y por qué elegiste Pinamar para reiniciarte?
Empecé a manejar. No tenía idea de adónde iba a terminar pero sabía que quería romper mis propios límites y quería ir más allá de mi barrio, que era lo cómodo, lo conocido, lo natural y lo familiar. Y me di cuenta de que con el auto podía ir más allá de Barracas y de San Telmo. Porque después de San Telmo, ¿qué hay? ¡El mundo! ¡Está el mundo! Entonces subí a mis redes una foto que encontré en internet y escribí que quería irme a vivir al mar. Y me empezaron a ofrecer un montón de casas y de departamentos hasta que una chica, Natalia, me dijo: ‘venite a mi hogar’. Y esa palabra me conmovió. Sentí que yo era capaz de hacer hogar adonde fuera que vaya. Y terminé de arreglar mi mudanza a su casa cuando por último le pregunté: ‘¿Y dónde queda?’ Y ahí supe que venía a formar mi nueva vida a Pinamar.
Escribiste cuatro libros: Quiero un novio, Amar mejor, La puta sagrada y Besame con los ojos abiertos. ¿Cuál de ellos sentís que te desafió más profundamente?
El primero. Porque hasta ahí yo no sabía cómo escribir un libro. Así que tuve que empezar a entender cómo era esto de escribir un libro. Yo estaba acostumbrada a escribir notas pero no libros. Y porque significó el traspaso más grande entre la vida común y corriente y la vida independiente como escritora. Además, porque ese libro empezó a nacer cuando suspendí un matrimonio a punto de darse, me escapé del casi matrimonio. Y ahí empecé a desmantelar también el sistema del amor, de lo que nosotros conocíamos como amor. Las mujeres de 30 teníamos que tener un novio, teníamos que ser madres, teníamos que generar una familia. Y qué pasaba si ese tipo de amor que yo estaba buscando no era el tipo de amor que podía producir una supuesta satisfacción… Entonces empecé a hablar de los amores espirituales, de los amores de almas, de los amores que tenían que ver con la conexión profunda, con el espíritu y no tanto con la comodidad social. Ese libro habla de eso, del paso del amor social al paso del sistema del amor espiritual. Ese libro fue el más difícil porque fue la primera gran estructura que rompí.
¿Quién es Lorena Bassani hoy?
Es una chica en reconstrucción, que está en obra. Como cuando estás construyendo una casa… ahora voy por los cimientos. Los cimientos vienen dados, los heredás, los mamás. Te educan sobre esos cimientos, esos cimientos que ya construyó otra gente. Bueno, ahora los cimientos son propios. Eso, en construcción.
